¿Cómo catar vinos? ¡Fácil! Nosotros te comentamos como aprender a probar vinos, disfrutarlos y evaluarlos como un profesional
Para comenzar, una de las cosas más importantes que hay que tener en cuenta es que no hay nada correcto o incorrecto en tu gusto, cada persona tiene gustos distintos y el vino le sabe de forma diferente en muchos matices. Puede que una persona sepa mucho más de vinos que tú, pero esa persona sigue sin saber que es lo más adecuado y le gusta más a tu paladar. Probar vino es libertad de valoración y crítica. Dicho esto…¡vamos!
Para ser un buen catador hay que tener presente varios puntos que nos van a ayudar a serlo: hay que catar muchos vinos diferentes, de diferentes tipos y calidades, también hay que catar y comparar vinos similares para profundizar un poco más en los detalles, definir tu estilo propio de cata, como tu propio «ritual», utilizar el vocabulario adecuado y, por último, probar a ciegas.
CÓMO MIRAR UNA COPA DE VINO
Al igual que pasa en la comida, la primera impresión cuenta mucho, el gusto inicial de un vino comienza con los ojos. El color de un vino puede decirte mucho sobre el vino.
En ángulo recto: Primero, mira directamente hacia abajo en la copa, luego sostén la copa a la luz y, finalmente, inclínalo para que el vino ruede hacia sus bordes. Esto permite ver la gama de colores completa del vino, no solo el centro oscuro. Mirando hacia abajo, se percibe la profundidad del color, lo que da una pista de la densidad y saturación del vino. De esta forma, también se aprenderá a identificar determinadas uvas por color y aroma. Un color negro púrpura profundamente saturado bien podría ser Syrah o Zinfandel , mientras que un tono de ladrillo pálido más claro sugeriría Pinot Noir o Sangiovese.
Vista lateral: Ver el vino a través del lateral de la copa a la luz nos muestra lo claro que es. Un vino turbio puede ser un vino con problemas químicos o de fermentación. Por otro lado, podría ser simplemente un vino sin filtrar o que tiene algún sedimento que se debe agitar antes de servirlo. No obstante, un vino que se ve claro y brillante y muestra algo de brillo, siempre es una buena señal.
Vista inclinada: Para mirar el vino es recomendable inclinar un poco la copa sobre una superficie blanca, de este modo se puede notar la profundidad del color desde el borde de la copa hasta el centro de esta, además proporcionará pistas sobre la edad y el peso del vino.
Remolino: Por último, dale a la copa un buen remolino. Fíjate si el vino forma «lágrimas» que corren por los lados de la copa. Los vinos que tienen buenas lágrimas son vinos con más contenido de alcohol y glicerina, lo que generalmente indica que son más grandes, más maduros, más llenos de boca y densos que los que no lo tienen.
CÓMO OLER EL VINO
Acércate la copa a la nariz pero sin hundirla completamente, se trata de notar el aroma que desprende. Hay potencialmente miles de componentes aromáticos en una copa de vino, así que olvídate de encontrarlos todos. Nombrar todas las frutas, flores, hierbas y otros aromas que puedas sacar de la copa puede ser un juego divertido, pero no es esencial para disfrutar y aprender a degustar el vino. En primer lugar, se le pueden buscar los defectos al vino (si los tuviera, esto depende de la persona), más adelante céntrate en buscar todos esos aromas a los que te recuerda el vino, como por ejemplo, aromas frutales, flores, hojas, hierbas, especias y verduras, aromas de barril de vino, aromas secundarios, etc.
CÓMO DEGUSTAR EL VINO
¡Llegó la hora de probar el vino! Toma un sorbo, tampoco hace falta que sea un gran trago, enjuaga el vino en tu boca para hacer que circule por todo, tu omite las personas que tengas alrededor y disfruta.
Una vez más, encontrarás una amplia gama de frutas, flores, hierbas, minerales, barriles y otros sabores. Además de simplemente identificar los sabores, también estás utilizando las papilas gustativas para determinar si el vino es equilibrado, armonioso, complejo, evolucionado y completo.
Equilibrado: Un vino equilibrado debe tener sus componentes básicos de sabor en buena proporción. Nuestras papilas gustativas detectan lo dulce, lo ácido, lo salado y lo amargo.
Armonioso: Un vino armonioso tiene todos sus sabores perfectamente integrados. Es muy posible, especialmente en los vinos jóvenes, que todos los componentes estén presentes en el vino en buena proporción, pero sobresalen.
Complejo: Los vinos complejos parecen bailar en tu boca. Cambian, incluso mientras los estás probando. La duración de un vino, ya sea añejo o joven, es una buena indicación de complejidad.
Completo: Un vino completo, equilibrado, armonioso, complejo y evolucionado, con un final largo y satisfactorio. Dichos vinos merecen una atención especial, porque tienen más que ofrecer, tanto en placer como en formación, que cualquier otro que pueda degustar.